El biodiesel se obtiene a partir de los ácidos grasos de los aceites vegetales (colza, palma africana, soya, girasol, remolacha, etc.)
mediante el proceso químico de trans-esterificación. Su utilización tiene un importante potencial para reducir/mitigar emisiones de gases
efecto invernadero (GEI) y si se utiliza como combustible único puede evitar las emisiones de azufre (SO2) del Diesel.
La mayor parte de estas plantas se producen en sistemas de monocultivos que en algunos casos requieren del uso intensivo de agroquímicos y pesticidas.
La principal critica al biodiesel, y a los biocombustibles en general, es que su producción masiva competiría con la producción de alimentos,
incluyendo otros recursos como suelo y agua.
Una alternativa viable para la producción sustentable de biodiesel es mediante el uso de especies nativas como la Jatropha curcas: su semilla tiene un contenido del 35-40% de aceites, las propiedades físico-químicas de sus aceites son idóneas para la producción de biodiesel.
Si bien el aceite de jatropha tiene propiedades semejantes a las de los aceites comestibles, no es comestible.
J. curcas es una especie originaria de Mesoamerica. Actualmente se produce extensivamente en países de Asia y África.
Se menciona que tiene la capacidad para prosperar en suelos de baja fertilidad, en climas secos, y es capaz de rehabilitar suelos degradados.
Aunque Jatropha curcas es una planta originaria de México con cualidades ambientales y económicas reconocidas para la producción de aceite vegetal para biodiesel, la sustentabilidad de los sistemas productivos con esta especie requiere ser investigada a profundidad, en condiciones experimentales-demostrativas de campo. Por ejemplo, incorporando la metodología del Análisis del Ciclo de vida para determinar sus balances energéticos y de mitigación de GEI, su impacto ambiental global y su viabilidad económica integral.
Solamente haciendo este tipo de investigación sería posible respaldar la sustentabilidad de sus sistemas de producción.